El apego de los siglos.

Sería impetuoso, áspero y basto de digerir declarar que el ateísmo arrollador del previo siglo al de nuestros días no tiene mucho de diferente a la religiosidad inquebrantable que aconteció en el Medievo. Por lo que se refiere a nuestro siglo pasado, cabe citar al filósofo Jean-Paul Sartre, el cual nos dotó de ésta “frasesita” célebre y que puede encuadrar en una gran medida el pensamiento del siglo XX ; “El ser humano está condenado a ser libre”. Parece casi ilógica , una contradicción retórica, una paradoja, pero que tiene mucho que significar , y es que , implícita en ella está el rechazo de Sartre de que hubiera un ser superior que determinara el curso de la existencia , esto es , del destino. Lo cual implicaba que el ser humano era responsable de su existencia, de sus acciones y decisiones , y que , puesto que nada había que prefiguraba o definiera nuestra existencia y conducta, no estábamos atado a nada sino a nuestras elecciones. Así para él, el ser humano es el responsable absoluto de sí mismo , y en consecuencia, el que se define a sí mismo.

No obstante, esto emocionalmente nos parece muy “bonito”, nos da a decir que somos “alguien” , seres responsables y con un cierto quehacer vivencial. Parece ser un sentido de la vida innovador en comparación a la etapa histórica que mencionamos anteriormente ; la Edad Media, pero sin embargo, de la cual ambas no se diferencian en mucho. Puesto que, en ella, se dictaba que la existencia es un producto premeditado y calculado de acuerdo a unos fines, entendiéndose en el ámbito humano, y que este producto es creado a voluntad de Dios, y que asimismo esta idea de creación acentuaba su poder. También hay un desarrollo lineal del tiempo histórico dirigido por Dios y éste le da sentido en el momento en que él se hizo hombre, pero que siendo lo más importante, con su inmenso poder él se acordó de nosotros y nos dio un lugar especial en la existencia. Otro argumento de donación de sentido , tal y como el que Sartre hace.

Entre muchos aspectos que se pueden manifestar dentro de todo esto, ¿no parece que se vislumbra cierto narcisismo humano? En un argumento somos especiales porque somos responsables de nosotros mismos, que recae la fabulosa y grata condición de libertad en el ser humano, y por otra parte, en el otro argumento vemos que somos especiales porque somos una figura creada con cierta finalidad y atención por nuestro creador, y una figura que somos, al que le espera un cielo eterno de bienestar. ¿No se aparece por la rejilla cierto narcisismo? Y es que, ambas épocas históricas se apegan a un narcisismo inherente humano, un narcisismo que parece derivar del miedo que conlleva vivir sin un sentido, sin un cobijo para la masa. El apego a Dios, o el apego a la libertad a la que estamos condenados nos relaja, nos da seguridad ante el desamparo, nos da el confort necesario, y que resulta muy agradable para la muchedumbre humana. Así, y para concluir, lo decía Albert Camus “el mundo no es soportable, por eso nos apegamos a algo: Dios, felicidad, la Luna, la libertad… nos apegamos a algo que no es de este mundo”.

Cristóbal Sánchez Gutiérrez

Una respuesta para “El apego de los siglos.”

  1. El único filósofo que se me viene a la cabeza al hablar de Dios es Nietzsche. En el tiempo en el que pude conocer su filosofía, hablaba mucho sobre la moral y la ética, a parte también de Dios y todo el tema en relación con él.

    En ese tiempo, allá hace dos o tres años, yo presentaba mucho rechazo a la idea de la existencia de un ser superior. Tras saber el ateísmo de Nietzsche, comencé a reflexionar sobre sus ideas de la religión y Dios, y lo compartía.

    Decía que la existencia de Dios es como una forma de escape ante nuestros errores, una manera de justificar un suceso del cual desconocemos su explicación o para simplemente huir de la realidad.
    Ahora, en cuanto a la frase de ‘’El ser humano está condenado a ser libre’’ por el hecho de que nuestra libertad nos hace responsables de nuestras decisiones y de las consecuencias de estas, en mi opinión, es porque somos egoístas.

    Si supuestamente somos un ser especial creado por Dios con un propósito, creo que ese propósito es bastante equívoco y relativo. Si simplemente el propósito fuera buscar la felicidad, ser libres con nuestras decisiones que nos anclan a una sociedad en la que no puedes serlo por la simple razón de ser etiquetado o tachado por la forma de vida de cada uno, ese propósito, me parece egoísta.

    No voy a quitar mérito de que el ser humano es biológicamente, tal vez, el ser más desarrollado psicológicamente, sobre todo, y tal que así, a la misma vez, el que menos.
    Si tenemos ese desarrollo de pensar, reflexionar, sentimiento de equivocación, aprender, poder comunicarnos… ¿Por qué no usarlo para un bien común y no para uno individualista?
    Hagamos poesía, disfrutemos de la naturaleza y lo preciosa que es, de cómo ella misma y sin ayuda de ningún ser en especial, ha llegado a ser lo que es hoy en día, un fenómeno que maravilla. Vamos a coger un propósito, un propósito que no abarque al ‘’yo’’, que meta en un saco al medio ambiente, a la fauna, la flora, al mundo en el que vivimos y el mismo que estamos destruyendo.

    La vida sucedió tras el conocido ‘’caldo primitivo’’. El agua es la base de toda la vida, de que ella pueda existir, nutrirse, evolucionar, y como no, el oxígeno que respiramos y el dióxido que expulsamos. Todos estos pequeños procesos, son importantes. Importantes para las plantas, para nosotros mismos gracias a ellas, porque cada ser, cada átomo, cada molécula, toma participación en el mundo.

    Somos seres materialistas. Aquellos que desde que llegan al mundo, tienen que ser alguien para poder sobrevivir y tener un lugar en la sociedad, ojo, no en el mundo. Repito, somos individualistas, egoístas, nos creemos especiales, ¿de qué sirve sentirse especial, si en el interior no se tiene sentimientos? Si careces de sentimientos, de amor, de pureza, ¿para qué tener dinero, para qué llevar traje, si para tu propio mundo, no haces nada?

    Tal vez tendría que haber un propósito sí, uno que haga crecer nuestro ecosistema para tener un mundo mejor. Pero tal vez sea más importante ser director de una empresa o tener una casa de cientas de hectáreas, cuando el futuro se va a acabar, es irónico.

    Las lluvias, los mares, los árboles, todo está siendo podrido, la esencia del mundo se está esfumando.

    En mi opinión, el crecimiento de las sociedades es lo que ha hecho que nos pudramos espiritualmente, generalizando. Cuando estas no existían, se requería a la caza, la pesca, el fuego. Y sí, se comían animales igual que ahora, y no por ello signifique que no los amemos, amamos a lo que nos aporta, el ciclo de la vida, así como el león se come a la cebra y la cebra las plantas. Desde siempre se ha estado sobreviviendo así, tomando de la madre naturaleza aquello que necesitamos para nuestra existencia, sin hacer daño a un animal, sin atarlo y maltratarlo. Un acto de pureza, de gracias al mundo, por sus aportaciones, así nosotros tengamos que aportar, un dar y recibir sin ningún acuerdo, sin tener que estar escrito, simplemente por la esencia de la pureza.

    Deberíamos aprovechar nuestro propio mundo, disfrutar de los momentos que te brinda un silencio en la montaña y no el olor a quemado de los bosques. Dejar de cargarnos el mundo deberíamos de hacer.
    Somos egoístas, sin tener en cuenta muchas de las creaciones de la naturaleza. Yo, por ejemplo, veo muchos documentales de animales marinos, me encantan y me parecen impresionantes las características que pueden llegar a tener, pero es más satisfactorio cortarle las aletas a un tiburón y arrojarlo al mar, para ganarse un dinero.

    Somos materialistas, cuando eso no nos hace especiales, ni hace que crezcamos. Sabiduría, aprender y conocer de las pequeñas cosas que el mundo presenta, para hacer de él uno mejor.

    En conclusión, tenemos una finalidad y objetivo, pero se desconoce cuales son o crean confusión en uno mismo.

    En mi opinión, esto es lo que da lugar al narcisismo, y el mundo se hace insoportable por esa y otras cualidades que nos nublan de la pureza del ser en sí biológica y espiritualmente.

    Una duda existencial humana y egoísta es lo que deriva a nuestros propósitos.

    La sociedad es el factor que más afecta a los humanos, y esto nos hace débiles.

    Estamos condenados a ser libres, por una sociedad narcisista e individualista. Nuestra existencia no nos hace responsables de ello, nos hace responsables el rumbo que le queremos dar a esta.

    Y el problema es que ese egoísmo, nos limita debatir, a criticarnos a nosotros mismos, a huir de la verdad, la real, no la relativa.

    Nos creemos superiores a la propia naturaleza, cuando ella misma fue la que nos llevó a donde estamos ahora, hablando desde un punto de vista biológico.

    Según Darwin, en la selección natural, sobreviven aquellos que se adaptan a las condiciones de su hábitat, pero ¿en qué se basa esa teoría en cuanto al ser humano? ¿en base a qué somos seleccionados?

    Ahora en cuanto a la evolución del mundo, ¿cuántos de todos los descubrimientos, no son por un bien propio? La tecnología; bien para el ser humano, las urbanizaciones; bien para los humanos. ¿Cuántos hay con finalidad de una plenitud espiritual?

    La música, la poesía, el arte. Esos movimientos artísticos, que nos hace ser humanos, que nos hace pensar, que nos llena. Los únicos placeres para una persona son aquellos que te desbordan los sentimientos, una influencia interna con consecuencia externa.

    Dudo de que, si exista algún ser superior, nos haya creado para que destruyamos esta maravilla en la que vivimos.

    La vida es más fácil de lo que parece, nosotros mismos la complicamos. Hacienda, un coste de vivienda, de luz, de agua, trabajo. Todas son maneras de preservar nuestra comodidad, una comodidad que en mi opinión hubiera sobrado.

    Como ya he nombrado, ya se vivía bien sin tantos lujos. Y la muerte, es algo normal. No tenemos que alargar algo que tarde o temprano nos va a llegar, de eso se trata al fin y al cabo la selección natural, deja de existir aquello que ya no sobrevive aquí, para dar lugar a algo mejor y con capacidades, un crecimiento natural y genético.

    La medicina se podría decir que sí es un gran logro, excepto por la inadecuada manipulación de los productos, de ahí a la creación de drogas, tabaco, alcohol. Es irónico, porque hasta por un beneficio propio, matamos a personas además de la fauna y flora. Así se descubren enfermedades nuevas, no todo es por causa bacteriana o vírica, también por factores de riesgo que nosotros mismos consumimos, ósea, nos matamos a nosotros mismos, apegándonos a algo que no nos complace espiritualmente, si no efímeramente y que, si no fuera poco, nos destruye. Solo complace y alivia nuestro estrés, otra manera de escapar de la realidad, el miedo.

    No es necesario depender de algo, apegarse a algo o alguien, es más fácil que eso. Disfrutar, integrar en nuestros sentimientos aquello que tiene una finalidad plena, feliz y sin malignidad. Disfrutar de la propia vida, la naturaleza y las pequeñas cosas que se nos escapan de las manos, porque psicológicamente, tal vez hablando de una selección natural artística, no llegue para todos, tal vez esa debería de ser nuestra selección natural.

    Tanto desarrollo psicológico, que contrariamente, nos hace cerrados.

    Rizi.

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